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Otros Poemas de Bartolomé

Dímelo ya

Dímelo tú primero, 
                                que el tiempo aún espera,
que solo es huella,
                                que no es siquiera arena.
Es viento pasajero,
                                y por ende es tan inerte
que hasta mi llanto
                                te sacará de mi mente.
No te desesperes,
                                ni tiendas en recordar
a nuestro pasado
                                que el menos allí está.
Dímelo entonces
                                que de una vez te vas
y vete como nada,
                                que nada por ti cambiará.
                                

Déjame libremente
                                refrescarme de lo dado,
asumir lo vivido
                                como si estuviera agotado.
Pues tengo temor
                                tan solo por pensar
que si te quedas
                                es por verme llorar.
Mas debes saber
                                que no serán gotas por ti
sino la rara forma
                                que gozaré tu partida.
Y entiende ya así
                                que si es propósito mío
el que nos separes,
                                no es porque te quiera.

 

Perdonar

Tomarte ni beberte ha sido suficiente para mí,
es casi como si quisiera convertirme todo en ti,
aferrarme a tus venas, hacerme liquido tuyo,
escudriñarme entre tus vestidos sin murmullo,
aprovechar de mi inconsciente deseo tus noches
que han de convertirse en mis propias noches
y respirar nuestros alientos juntos así me muera,
aunque sea yo desde adentro y tu mirando afuera.

Os aseguro que esta tarde no es una tarde cualquiera
está repleta de un tufo de amarga mojada hiedra;
devuélveme tu cama vacía con sábanas apenas,
tu almohada de ropa usada que acoge tus penas,
los momentos en que fui testigo de tus detalles
grabados en mi alma como sellos de entalles;
recuerda que fui yo y no otro quien se atrevió amarte
por más que mi cuerpo haya sido frágil en solo a ti darte
los aromas de mi piel, las torpes caricias de hombre,
desperdiciando tu entrega que hacía que me sobre.

¿Qué puedo entonces ahora decir?
no importa nada en mi realidad sino el morir,
y esperar de repente que algún frío día acudas
escondida entre tus manos, sacudiéndote las dudas,
al nicho en que habré de confundirme con los demás,
y abrumada por tu terquedad te repitas cada vez más
de que mejor hubiera sido darme lo que te pedí:
una nueva oportunidad no obstante lo que te di;
pero sé que para eso habrás mucho por pasar,
nuevos amores y deseos aumentarán mi pesar
y colgarán en el marchito espíritu que deambula
rocas de fuego por cada beso que en otro emula
tus labios, tu lengua, tus manos, tu eterno cuerpo,
aunque nadie como yo te besó según tu acervo
de historias vividas, pues siento que no olvidas
las veces que hicimos nuestras, nuestras vidas.

No me pidas entonces que me satisfaga con tu pasado
si eres incapaz de haber en mi siquiera reposado
un ápice de esperanza, una ilusión apenas vaga
en que al final podrías olvidarte del filo de mi daga
que convertida en el deseo sirvió para hacerte daño
y obtener como fruto mi sangre porque te extraño;
empínate sobre mis rodillas en que ando agachado
como buscando por el suelo mi alma que haz echado,
y obtén así en justa medida el perdón que te ofrezco
por dejar caer tu amor como las hojas de un fresno;
hazlo antes que en el tiempo sea demasiado tarde
y sean mas bien los ruidos de mi conciencia alarde
para saciar tu silenciosa venganza que a la distancia
viene preparando tu alma como si fuese sustancia
enriquecida por los motivos que yo mismo te diera
al dañarte como si fueras para mí una cualquiera;
pues sabes que así quisiera es inútil negar lo hecho,
quedándome sólo a esperar en lo oscuro de mi lecho     
que algún día que estés bajo la estrella que te regalé
en esa bella noche de aquel pueblo en que observé
al cielo repleto de luz, y te apiades siquiera en pensar

que para quien ama, el amor es también perdonar. 


El teléfono

Cuando marco tu teléfono y no contestas, y oigo el tiritar reincidente que da cuenta que no me quieres hablar, absorto me miro yo mismo en mi espejo imaginario pretendiendo ignorar las razones por la que ya no estás; y me doy propiamente mil excusas como si nada de culpa tuviera mi ser, mientras adentro se apega mi pecho con sus aguijones por mi remordimiento y yo, como negando mi realidad, sonrío y me digo “ella es la que pierde más”, y ansío en un de repente al cerrar los ojos, rebuscar entre mi pasado a otras mujeres por las que recorrí mis manos mojadas con mi sudor; pero las veo y no las quiero, es que es prácticamente imposible que otra ocupe tu lugar en mí, son solo imprecisos recuerdos que mi mente atesora sin que se de cuenta el corazón.

Prefiero una vez más insistir, apuñar mi dedo en los diminutos espacios mágicos que me comunican hacia ti, y apretar los dientes apenas vuelvo a escuchar el timbre que me anuncia que no me quieres contestar, y entonces son mis ojos los que me comienzan a hablar y entonan lágrimas como palabras indescifrables, esas que sólo repite mi alma sin que yo las pronuncie; ¡cuánto daría por volver saber de ti!, si quieres acógete en tu voz y secuéstrala tu misma para el fondo de la tierra, y atiza siquiera la lumbre de mi deseo con murmullos que vengan de tu propia boca; es que no quiero en ti precisamente tus palabras amor, es la esencia de mi ser quien necesita saber de ti, y contigo están más que lo que dices, tu mirada, tu sonrisa, tu forma de caminar, tus gestos que te hacen notar.

Por eso, solo contesta el teléfono, que de lo demás me encargo yo.


Anunciamiento


Hoy día que te perdí para siempre
me entrego más a mi mismo, y anuncio al viento
que no vuelva nadie a entenderse de mí,
que me sacrifico en no querer más amar,
pues, ha sido suficiente para que entre
a la isla del olvido infinito en que tiento
recuperar las fuerzas que perdí por ti
y en solitario salvajismo dejar de desear
.
no pierdan tiempo los poetas entonces
en querer con sus versos hacerme ilusionar
o los cantores de las plazas de amarillas luces
con sus voces y los aplausos que les dan;
es que desde hoy asumo el reto que conoces:
dejarte de recordar para dejar de emanar
el acido perfume que broto de domingo a lunes,
ese que hacía que me vaya con los que van

a pesar de ello, rencores he dejado con lo vivido,
quizás como alimento de tu orgullo hasta el fin,
no importa si ha de causar estragos de amargura
si tan solo me ayuda a despojar de mi alma tu vida
y así como si fuera que en nada te has convertido
te aleja de mi mente dolorida por tu casta ruin
y ha de revestir a mis entrañas con una armadura
fundida con el hierro y el fuego que celebran tu ida.


Treinta años sin ti

Han tenido que pasar casi treinta años,
¡treinta años sin ti poesía!
y aquí estoy como sino fuera así;
es como si hubieras estado oculta en mí,
callada y silenciosa, esperando mi llamado.

Sorprendida te ha recibido mi alma
sin saber que habías decidido por fin venir;
lo sé, porque mi corazón al ordenar
a mi conciencia que escriba tus palabras
late a raudas haciéndote sentir.

Treinta años digo yo, y no es nada,
si después te ha conocido ese corazón
que escarba en lo profundo de mi memoria
tentando encontrar los amores que perdí,
alguna alegría gozada o la angustia que viví.

es que estás hecha del pasado y mi presente,
y haz de recoger las líneas invisibles
que escritas fueron ya con tinta roja indeleble,
esa que recorre mi cuerpo vivo desde que nací
y que será testiga si el tiempo lo permite:

¡Que por ti, treinta años más, habré de escribir!


Te estoy amando de apocos

                            I

Te estoy amando de a pocos,
estoy entre el te quiero y el te amo;
cuando me miras de frente a los ojos
te quiero, lo sé al adentrarme en ti
de esa manera; pero después me
hablas y escucho tu tierna voz
y te amo rápidamente, hasta que te vas
y vuelvo solo a quererte… es que la
angustia por no tenerte me hace dudar
y descubro los celos de gérmenes
impacientes que duran hasta volver
a saber de ti;

                            II

 … y cuando avizoro desde lo lejos
tu silueta caminar, acercándoteme
otra vez, me doy cuenta nuevamente
que te amo, y me regalas tu arma fatal,
esa sonrisa que me hace ilusionar
que el te amo permanecerá; pero no,
como si presintieras que estoy por
amarte y como si no quisieras,
me pides que cambie mi forma de ser,
que no te gusta la historia de mi vida,
que mi presente debiera aprovechar,
y entonces te vuelvo a querer nada más;

                            III

es que si haz de amarme como yo a ti,
¿porqué me tienes que condicionar?,
fíjate siquiera en mis manos cómo
tiemblan al tocar la piel de tu rostro,
y que prefiero mil veces pasar mi día
a tu lado; no te empeñes en buscar
lo malo, esa marca siempre estará allí,
y empieza mas bien en querer amarme
como soy, como yo estoy aprendiendo
a hacerlo de ti cada momento de mi vida,
sin sopesar las palabras que te digo
o lo que puedas creer que te doy;

                            IV

sin embargo, con precisa humildad y amén,
debo al final ser sincero mujer, y he de pedir
que no te preocupes si te digo que te quiero
cuando esperes escuchar que te amo…..,    
¡y es que también te amo al estarte queriendo¡
¿o acaso no ves que mis ojos repiten lo mismo
por mas que mi lengua pretenda diferenciar
el sublime mandato que brota de mi ser?,
sé que mi alma tiene el gozo de esa verdad
por ser aliada de la mirada que me ofrendas;
y es que cuando te quiero aún te sigo amando
y por amarte tanto…. es que te sigo queriendo.


Pimentel

Recuerdo la brisa que aflora en las mañanas,
entrar sin pedir permiso por mi ventana,
y despertar juntos con el sonido del mar
y los quejidos de los maderos del muelle,
que ajustados a la tierra están sin querer
aún ahogarse; … es lo que más evoco
de ti, ¡mi añorado Pimentel!!

no me atengo a esperar que tus vientos
que levantan la arena de tus playas
aticen los momentos que juntos pasamos,
allí está aún tu holgado malecón de cuadras
y descansando en tu costa los bravos
caballitos de totora que serán montados
arrodillados por los hombres al pescar

testigo de ello es tu mar calmo, de ricos
y exóticos peces, y hasta tu propio héroe
a quien viste emerger orgulloso entre
las gaviotas que suelen tus soplos traer,
pues José Quiñones Gonzáles vivió
primero con tus aires, y al verlas volar
aprendió en Pimentel a amar al Perú.


El carruaje

Anfitriona y pasajera a la vez, así siento estás
en nuestro carruaje al empezar su larga marcha
a ese destino que no conoceremos hasta llegar;
no sé si habré de marearme en nuestro camino
o si el vómito de mis celos me llegaré a tragar,
esperando que sea mentira que al bajar te irás

me atengo a mirar por las ventanas de tus ojos
los detalles del mundo de afuera, y así escapo
de mi propio presente ocultándome al pasar
por cada estación en que ha de detenerse
el fénix que nos lleva raudamente, y a pesar
que disfruto soñarte con besarte de a pocos

me aferro en un instinto imaginario a tus manos
y evito volverte en un acto de pura hipocrecía
tentando si acaso dormir mi mente pudiera,
y estorbo con mis palabras tu rol de amiga
como si por tan sólo hablarme te tuviera
confundida y apretada entre mis brazos

y así, es que en medio de la ruta doy cuenta
que no sólo mi cuerpo tercamente se deja llevar
sino que la fatiga de mi espíritu se desvanece
ignorando los mareos del volver al pasado,
y entiendo que amar puedo aunque no parece
si tan sólo una mujer como tú me tienta

te confieso entonces anfitriona de mis voces,
pasajera de mi vida, que mi alma mientras tanto
ha de gritar al timonel que nos lleva al destino
que olvide de pronto siquiera su recorrido
para así prolongar mi ilusión y en desatino
aventurarme a soñar como bien conoces

mas pronto que tarde aparece el destello
que anuncia que hemos llegado a mi final
y lo siento que está sin decir bienvenida
como presagiando que jamás te volveré a ver
y neciamente espero que bajes en la avenida
pues contigo el camino ha resultado bello

pero oigo los ruidos que anuncian que te vas
y he de esperar sentado y en el mismo lugar
todos estos días y los próximos que vendrán,
que tal vez en alguna alba habrás de volver
y confiaré que mis ganas de besarte podrán
hacerte por fin entender… que aquel carruaje
no va más.


Un recuerdo de mi infancia

Muñequitos con alas rotas,
                   soldados que en brigada atacan,
así los veía yo en esa mi infancia,
sin importar que fueran meras criaturas
                   que habitaban en mi casa;
los atrapaba con mano torpe
y emocionado los encerraba aún vivos
                   en un vaso de vidrio,
tocándome luego observarlos por horas
esperando que peleen o se devoren entre sí,
                   y sino los desmembraba hasta morir;
eran parte de mi vida en vacaciones,
                   no porque no tuviera los amigos
que son normales tener en esos años,
mas porque creo que ya comprendía
                   que debía practicar el ser un humano.


Loa a una madre por morir

Mi madre habrá de morirse muy pronto;
sé que caerá primero en algún cadalso
convertido en vereda de la calle;
luego, apretada a una cama de viejo
aguante, y dolorida por los años
que lleva a cuestas su frágil cuerpo,
cubrirá su mente con los recuerdos
de quien lamentablemente fui.

Y con sus ojos blanquecidos y sus manos
apenas apretadas entre sí,
oirá los murmullos de mi voz, trémula,
compungida, nerviosa, distante por los gritos
ahogados del llanto que me dará mi lamento;
la veo desde ya escuchando los rosarios
y estrenando ella misma las lágrimas
que no le dimos en su momento.

Comprendo por eso que no me basta
con verla ahora vivir; necesito hacer
de esa vereda jardines de esperanza,
de su lecho nubes de ilusión, y de mi voz
canciones de júbilo por ser hijo suyo;
y convertiré los días que nos quedan
en hermosos años, como los primeros
en que ella y yo nos conocimos.

Luego, cuando llegue el momento final
destinaré mis olvidados rezos
a que no añore lo que fui, y entienda
en lo escaso de su memoria
que nunca la dejé de amar, que hubiese
querido regar siempre el jardín,
volar entre sus nubes, y cantarle
canciones,… como lo hago hoy.


Un amigo es solo
un amigo y nada mas

Un amigo no es dos amigos ni tres amigos;
Un amigo es sólo un amigo y nada más;
es que es suficiente con que uno meramente
se comporte como un amigo de verdad
para entender que la amistad no es adición,
sino el más puro valor individual,
de esos que no se afligen siquiera por ayudar.

Un amigo no es dos amigos ni tres amigos;
Un amigo es sólo un amigo y nada más;
Gracias mi amigo, por ser sólo uno
y…. por tu amistad.


Tu soledad de mi

Hoy voy a desistirme de ti,
abandonarte para siempre
y dejarte sin mi soledad,
la que me llevaré conmigo
a una guarida desconocida,
pero haz de saber además
que si esta vez te dejaré,
sola te habrás de quedar
y no porque no encuentres
a quien te habrá de amar
sino porque estoy seguro
a nadie amarás como a mí;
y así verás que tu soledad
está aferrada dentro de ti
sin importar lo que te den
o lo que te lleguen a querer,
y a la distancia solo talvez
llegues por fin a entender
que si me llevo mi soledad,
contigo habrá de quedar
tu propia soledad de mí


Terapia

Hoy me aconsejo yo mismo
que es necesario pensar en ti
y he de acostarme con la mirada
que me dabas al sonreir,
y me aferraré a mi almohada
como si acaso te abrazara,
mientras deslizaré mis manos
por mi pecho bajo la sábana
tentando sentir tus caricias
de mujer.
            Pero aún no regreso a casa
            y ya necesito pensar en ti
            así que te tendré despierta
            mientras te pienso en el día,
            tal vez llamándome al trabajo
            como acostumbrabas hacerlo,
            o andando juntos por un parque
            sino es en uno de esos tus besos
            que solíamos darnos con pasión
            tanto tú como yo.
                                     Y transcurrido esos tiempos
                                     que cubren el día y la noche
                                     habré de amanecer otra vez sin ti,
                                      con la cama coja y vacía
                                      y una almohada mojada
                                     cubierta por mis lágrimas,
                                      y tendré que recurrir entonces
                                     a mi mejor terapia para vivir,
                                     esa que sin querer me das tú:
                                     ¡nuevamente pensar en ti¡


¡Como no!


                                                       Como no recordar tu voz,
                                    como no recordar la vida,
                      como no recordarlo todo,
……….. sino te olvido a ti.


Observación detenida

Esta mañana me puse a observarte
aprovechando que estabas dormida
con tu cuerpo acostado al mío,
y descubrí en el silencio de nuestras voces
los encantos que tiene la vida;
               por tu pelo acaricié nubes sin lluvia,
en tu rostro avizoré la tranquilidad del alba,
de tu vientre y sus llanuras di cuenta
                                                     y me detuve,
y escalaba
               y bajaba y recorría con mi mirada
las laderas
               empinadas
                              que provocabas
                                                      transitar;
luego, en un descuido voluntario llegué a tu sexo,
ese infinito secreto que está oculto
dentro de tu tierra,
capaz de dar los más sabrosos frutos como alimento,
y fue al rozar con mis ojos
los caminos de tus piernas
que tienen como propósito tu forma tan sensual,
que finalmente entendí el recado de tu cuerpo:
                 ¡existir para poder yo existir!

Es que por ti era tanto que existía,
que imploraba que no te despertaras
tempranamente amor mío 
cambiando en un de repente tu silueta
                                                       desnuda
por el frío vacío que deja tu partida
                                                       en mi cama,
que te estremecieras por la pasión depositada
                 en nuestra noche ya ida,
y que oculto en tu memoria apareciera
obligandote a no volver a dejarme jamás;
mas el rezo
por mi existencia
                          no fue oído
y tuve que verte
                          al amanecer partir
                                                     con tu caminar,
y ni siquiera la energía que me dio la miel
de haber estado a tu lado,
al menos una noche,
sirvió como consuelo, pues sabía que al despertar
ya no estaría más
                      con tu cuerpo ni con tu presencia
y menos que te vería otra vez …… a mi lado.


Sonidos del cuerpo

Son tantos los sonidos que se acoplan
tenuemente entre tus cabellos,
que nadie da cuenta que cantan
y que entre ellos se entrelazan
no solo sus finos torsos negros
sino el propio vapor del viento
que hace vibrar los sones como aliento
por estar plenamente vivos en ti;
y que al mirarlos escucho canciones
entonadas entre el silencio de afuera
y la pasión contenida en mi vientre,
esas que dan vida a los mortales
para perseguir las ganas de existir

por eso al acariciar valientemente tu pelo
trato en mi libertad el evitar averiar
alguna barra resonante de ese xilófono
que llevas a cuestas contigo mujer,
y que aprietan sutilmente tus hombros desnudos
como queriendo enfilar los agudos tonos
que me hacen estremecer y a mi alma recordar
que te tengo toda mía, que soy quien te ama
desde la mañana hasta el atardecer,
y que por las noches descanso a tu lado
bajo el abrigo de tu cuerpo,
y los susurros de la música
………….. que yo mismo toco con mis dedos.


Como he de hacer

Cómo he de hacer para que te des cuenta
que mi destino, crudo está ya sin ti,
que estoy como caminando de perfil
esperando que al menos me sorprendas
y aparezcas de repente queriéndome asustar;
cómo he de hacer, si ya no estás aquí,
y que tal vez ni has de notar que me quedé,
que no me fui contigo amor, no porque no quise,
sino porque así lo quiso Dios;
cómo he de hacer para que siquiera entiendas
que aún te amo como si estuvieras aquí,
que en las noches me acuesto contigo
y conversamos largas horas hasta dormir,
que te digo hasta mañana mi amor
y me respondes con la foto de tu rostro
colgada en el cuarto; que te beso fuertemente
y aprietas mis labios con las sedas
de tus vestidos que me dejaste;
que te río y te lloro desconcertadamente,
y me ríes y me lloras a través de nuestros hijos
que vivientes han quedado conmigo;
cómo he de hacer para que te des cuenta
que no sé que hacer, que en las mañanas
al no andar con tu foto ni oliscar tus sedas,
me siento solo, terriblemente solo mi amor,
y que ruego que pase pronto el día
hasta volver a acostarme contigo
para conversar siquiera hasta quedarme dormido;
cómo he de hacer para que comprendas
que no te quiero dejar de amar,
que es demasiada larga la vida para volverte a encontrar,
que hasta me atrevo a envidiar a quien te llevó,
no sólo porque ha de estar cuando quiera a tu lado
sino porque hasta puede escuchar tu voz;
como he de hacer entonces……..
como he de hacer para que te des cuenta
y le pidas que se apiade de los dos,
y así, en un milagro sea yo quien me dé cuenta
que no es verdad que te has ido sin mi,
ya que todo fue una simple y larga pesadilla.


Espontaneidad

Espontáneamente me he dañado yo mismo
al no percibir los encantos que me dabas,
espontáneamente, porque no era mi designio
denigrar del tiempo en que me amabas;

no notaba la valía de tus ofrendas al verme
ni tu entrega provista de olas mojadas de mar,
es que quería que nadie volviera a tenerme
y estaba tan inerte de querer volver a amar;

como huelgan mis recuerdos de esos días
con el garbo que daba tu apostura al verte
y el golpetear que como gota invisible hacías
trascendía ocultada en mi alma por tenerte;

lo ignoré por la ignorancia de mi mente
y no por que no te amara mi corazón,
es que sin querer actué como demente
alejándome de sus mandatos sin razón;

entiendo desde el momento de sepultura
que se dio desde el tris en que te fuiste,
que soy un cuerpo vivo que si perdura
es porque estás prendida por lo que diste;

date cuenta por eso, de que aún persisto,
y que aún espero que regreses de verdad,
no solo porque espontáneamente existo,
sino por que te descubrí en mi soledad.


Retrato de un pecador

Es de notar que a cierta edad
uno piensa en lo que ha hecho
                                                 o dejó de hacer hacia atrás;
ello, como si nos importara volver al pasado que vivimos,
acaso como si el gozo no tuviese aguante
 y la pena no existiera aún como quebrante.

Es el efecto de un fingir felizmente
que se mantiene hoy indiferente
                                                 a esa llamada de conciencia;
al menos en mi caso, en que si he de repasar lo que fui
no es porque quiera volver a nacer,
                   ya que ni siquiera he valorado mi ser.

Entiendo poco de esas quejas
de que el alma se nos va al morir,
                                                si ni sabemos cuál es el final;
y no es que no supiera amar o que alguien no se fijara en mí,
es mas bien que el tufo de la soledad 
                 adquiere su mejor olor con la maldad.

Auguro por eso a todos los felices
que no se entusiasmen por ventura
                                               si afición sienten sus corazones;
recuerden que el mundo está más lleno de pecadores
no tanto por la tentación al ser solo hombres,
                   sino que entre pecados surgen mejores amores.

Es por eso que aprovecho en proponer
no dar vuelta con arrepentimiento
                                               si es que lograron quebrantar;
más, disfruten de los menos años que les quedan
en amar como quieran, ya que solo al pecar
habrán de saber realmente lo que es gozar.




Mensaje del cielo

A partir de mañana
                              voy a rozarte con mis palabras;
digo mañana,
                    porque esta noche habré de buscarlas
entre las estrellas que se comunican con mi alma
mudamente ocultas, como olas de mar en calma

esperaré que una de ellas
                                       te avizore en donde estés
y te anuncie distraídamente
                                       que te quiero encontrar
y entonces eleves tu mirada como si yo te llamara
tratando de descifrar los mensajes que encargara

verás que será
                      la que más brille así aparezca de día,
capaz
       de hacerte entender que te estoy aún amando
y descubrirás el encanto de ese lenguaje cósmico,
para regresar a mí como un cometa en su retorno.


Innecesario

No es necesario que me hables,
ni siquiera que me mires;
no es necesario que respondas,
ni así pareciera que lo quiera;
no es necesario que sonrías,
ni me entregues tus labios;
no es necesario que me llores,
ni siquiera si lo merezcas;
no es necesario que tiembles,
ni así sientas que te beso perdidamente;
no es necesario que me extrañes,
ni así te acordaras de mí;
no es necesario que me seas fiel,
ni siquiera que muerta me ames;
no lo es…, si no puedes regresar a mí.

Pero háblame si lo crees necesario,
mírame si al menos pudieras;
respóndeme si fuese necesario,
así pareciera que no quiera;
sonríeme si te es tan necesario,
entrégame de esos tus labios;
llórame así me mintieras,
como si te lo merecieras;
tiembla como si fuese necesario,
apenas sueñe besarte cuando quiera;
y extráñame si te soy tan necesario
cuando te acuerdes de mí;
y si es así, seme fiel amor mío,
porque sentiría que aún me amas;
y que puedes aún regresar viva a mí.


Empacho

Como darte un beso ha sido hoy verte;
y si me hubieses besado te hubiera sentido más

pero no importa, me bastó con tan sólo mirarte,
y a pesar que ni me miraste, me imaginé besarte

besé el viento que traspuso tu piel al tocarte,
y a mis manos las enjugué con mi saliva oliéndote;
besé desde lo lejos a aquél pájaro azul
que se atrevió a cursar tu frente y silbarte;
besé un poco de la tierra que tú misma pisaste
contando tus pasos hasta ya no verte

son los trazos que dejas y que acudo a besar
como sombra terrenal que abandonaste

pero no importa, me bastó con tan sólo mirarte,
y así empacharme con tantos besos que me das.


Encargo de un padre


En recuerdo a MARISEL

Porque te la has llevado a Marisel,
si era tan joven y aún no la amamos suficiente;
si ni siquiera gustó del sabor de la vida;
acaso no diste cuenta que ella no era solo tuya
y que ofrecimos sobrados rezos
que impidieran que se nos fuera;
¡estabas distraído o qué …..!,
que no escuchabas los latidos
convertidos en lamentos de su madre,
o la inquina de las almas escondidas;
no lo sé, tal vez nos la negaste,
y quisiste tu mismo gozar de lo que diste,
esa niña que hace pocos años nos mandaste;
pues bien, hoy te la encargamos
a pesar que no quisimos que te la llevaras;
vela tú mismo, y acoge en la huerta de tu cielo
sus encantos que aún vivientes ha dejado
en la tierra de sus padres;
ella se ha ido por tu camino y a tu destino
después de haber tan poco vivido,
pero recuerda no porque lo quiso,
no porque quisimos.

Así que te toca hacerla aún más feliz,
es aún hija de los suyos y se lo merece;
sé que estará contigo pero también estará aquí,
y no importa si no habremos de verla nuevamente
o nuestras mentes acudan al mensaje de su tiempo,
es de ti de quien ahora depende
como hoja arrancada del mejor libro;
acude en su recibo y menciónale que la amamos,
ya que no importa si se fue por tu cometido,
si al final habrá de vivir en tu blanco reino
y te dignes en escuchar, por fin nuestros rezos.


Disconformidad

Soy el ojo de un carnicero,
la norma que influye en tu destino,
la estera que abriga tu sueño;
pero cuanto daría por Dios,
si fuera también tu risa noble
o el espacio en tu fría cama
que no te deje tranquila dormir,
ya que entendería que estoy aún vivo.

Y heme aquí como conformándome
con tu llanto de abajo a arriba,
laboriosamente enganchado a una nube
impulsando las aguas de su norte
para en algún nublado día, vaciarlas en ti,
y así llegaras a entender mojada de mí
que por más que me fui,
nunca te llegué a olvidar.


Rondame

Róndame con tu miseria que aún me apeteces,
pero dime mujer, cuál es tu real propósito?;
sé que ni tu misma has de saberlo
pero igual me cabe tanto preguntarte,
es que tal vez por allí hallaste en depósito
la clave de ese enigma que me tiene así,
aturdido, turbado, enamorado.

róndame así sea con tu perfume de viejo carmín,
y haz que mi noche aparezca entibiada
como lagos de la antártida en su verano;
y seré entonces un muchacho descuidado
cuyos pies amanecerán fríos y cuya alma
estará revestida de efluvios de gozo por ti,
tórrida, dichosa, y en calma.

róndame así no merezcas que te vea
y menos que te toque con mis versos,
que no te importe siquiera que el tiempo
te haya hecho mella en apariencia
y que en mí aparezcan tus cicatrices, y así,
descuida el imploro de mi apagado espíritu
acudiendo a la súplica de este sinvergüenza.

róndame y si quieres has fiesta frente a mí,
lúcete con tus infieles despropósitos
y enséñame que sigo siendo burla para ti;
no importa si es eso lo que tengo que asumir
por mis días en que habrá de tenerte mi recuerdo,
y desnudo y solitario he de quedarme al dormir
pensando siquiera, que aún sigo siendo para ti.


Amanecer sin ti

Anteanoche me abrigué en mi mismo
amaneciendo frío luego de un pálido sueño,
por lo que al día siguiente me propuse
arrancar como sea los calores de tu cuerpo;
mas la noche de ayer tampoco fue simple
no solo porque no estuviste,
                                     sino porque aún te quiero;
¿de qué me vale entonces
                                     que esa noche y esta noche
siga prendido a la fantasía de sentirte,
sino estás cuando amanezco después de mis noches?;
no me basta que tu luz de luciérnaga me entretenga,
o el brillo de tu estrella que sujeta el cielo,
ni siquiera la encandilada brisa del oscuro eterno;
necesito que después de mis próximas noches
te sienta todo el día entre ruidos y entre gente,
                                                                           junto a mí.

Mustias rosas

Estoy perfilado frente a una copa con pisco,
con algunos botones de mi camisa abiertos
y al menos tres asientos vacíos en mi mesa;
es tan redonda y tan grande al mismo tiempo
que me siento perdido en un espacio del bar;
procedo así a gustar mi primer trago de gozo
confiando de a pocos retornar en busca de ti.

Es el comienzo de la noche de tu recuerdo,
y empiezo por la forma en que te conocí;
sola, aparentemente sola en ese parque,
confundida entre las rosas y las magnolias,
caminando al soplo de tus propios aires
y abstraída entre los versos de un libro
que después descubrí era de Baudelaire.

Tú, revestida de los perfumes de tus colores,
el amarillo de tu falda sabía a orquídeas,
y tu recortada blusa conjugaba los tonos
que vertían de tus grandes azules ojos;
era el jardín que tu misma llevabas consigo
como buscando que los pájaros te silben
y los pintores te plasmen en sus lienzos.

¡Cómo no habría de fijarme entonces en ti!;
si yo mismo salí a buscar un poco de aire
dejando el tugurio que en mi alma habitaba,
confundido entre tantas voces y tantas caras;
si como sabes, tu eres mas que callada,
luz del alba que habla sola entre las flores
y cuerpo que cautiva mis deseos de hombre.

Desde esa vez, cada vez me fui a buscarte,
y alojado en una banca de ese mismo parque
me sonreías al pasar leyendo el libro intrigante;
era, como tener tus horas marcadas de alma,
donde el mejor sentido no era mi propia vida,
sino el escueto caminito de raído verde pasto
que hacía que pasaras cada vez frente a mí.

no me atreví a hablarte ni una vez siquiera,
como cobarde que desde entonces era mi ser,
y fue sólo una hoja desprendida de aquel libro
que sin que te dieras cuenta llegué a leer,
lo que de algún modo me hizo conocerte a ti
y entender las raras formas que tiene el amor,
capaz de aglutinar todo en alguien al pasar.

Decía allí Baudeliere en un verso caído:
..”soy como un cementerio que la luna aborrece,
donde largos gusanos, como remordimientos,
se encarnizan sin tregua con mis muertos queridos;
soy un viejo boudoir donde hay rosas marchitas,
un rebujo anticuado de las modas de ayer
y pasteles dolientes, y Bouchers palidisimos
respirando perfumes de unos frascos vacíos”.

Vana fue esa lectura robada si no te vi mas mujer;
te esperé en el mismo parque y en el mismo sitio,
no obstante acudir a los cantores que te silbaban
y a los pintores de las calles abiertas que te veían;
pero nada, nunca más volví a saber siquiera de ti,
era como si con el caer de esa hoja desprendida
te fueras como el viento de todas esas tardes.

Y así, nunca más he de buscarte entre las flores,
y ni el verde camino he vuelto a recorrer sin ti;
prefiero emborracharme en solitario, tal vez,
entendiendo que nunca te habías fijado en mí
por ser un simple personaje humano y enamorado
apostado en la fría piedra de una banca cualquiera
como esas mustias rosas, sin olores y por morir.


Sobreviviencia compartida

Que soy yo sino soy tu,
Que eres tu sino estoy yo,
Que soy yo sino eres tu,
Que eras tu sino fui yo,

Sería solo yo sin ti,
Serías solo tú sin mí,
Sería solo yo sin ser tu,
Serías solo tú sin ser yo,

Es decir, estaríamos sin ti y sin mí,
Yo sin ti, y tú sin mí,
Es decir,
Yo sin amor, y tú sin amor ….

Esa es la verdadera esencia del amor,
….. la sobrevivencia compartida.


No me vengas

No me vengas que estamos listos
                                                        los dos;
que ya es hora que acabemos todo
                                                        lo que es;
no te das cuenta acaso que aún persiste
el aroma de los prados, o siquiera
que las aves aletean a sus nidos por el aire;
no has visto últimamente como cantan
los niños de la escuela de la esquina,
o de repente las miradas que se cruzan
cuando dos caminan abrazados;
no me vengas, que no haz visto nada,
pues no solo pensaré que no estás más
                                               enamorada,
                                               sino hasta ciega,
                                               amor.

Cuando la yerba húmeda de los prados
ya no nos llamen, y los pájaros no regresen
a sus nidos de paja buena como abrigos;
y no se escuchen más las frescas voces
de los niños cantores por nuestra ventana,
o aparezcan solo caminantes solitarios
en las vacías calles de la vida;
tal vez si eso ocurriera,
entonces entendería que estamos listos
                                                   los dos,
y que ya es hora de acabar todo
                                                   lo que es;
no solo porque no habría razón para estar más
                                               enamorado,
                                               sino porque el ciego
                                               sería yo.

 

Mujer de poesia

Cuando te mueras algún día,
habrán de querer que no te mueras,
habrán de pensar que ya no existes
y que oculta en la tierra vacía
se irán tus huesos con mis poemas

y es que si es verdad no negada
que cada verso que escribo es por ti,
no es tan cierto que triste me quedaré
cuando te vea partir a esa manada
de ángeles negros así como así

y al contrario de lo que hoy pienses
releeré feliz mis poemas para así sentir
los romances que sujetan a mis estrofas
sin lágrimas ni tibias mentiras, así tientes
que por tu muerte habré también de morir

te recomiendo entonces mujer de poesía
que no te mueras antes que este autor,
y protege tus pasos, y controla tu salud,
ya que con larga vida encima de la mía
podrás al fin intuir que fui solo un actor

tantos versos que escribí y no eran tuyos,
están bajo la sombra de un título nada más,
oreados con tu perfume, escritos por ti
pero no para ti, y es que nunca serán tuyos,
asi te mueras tú primero o yo con los demás.

Subasta de amor

dos soles por un poco de amorrrr..!
dos soles por un poco de amorrrr..!
gritaba una mujer desamorada,
y fue no después de tanto rato
que un hombre de abierto corazón
acogió tal desesperado clamor
ofreciéndole dar algo de amor;
caminaron juntos y se conocieron,
y cada día que ambos compartieron
ella decía cumpliría la paga prometida;
conversaban e incluso se besaban
como si ambos obtuvieran provecho,
y hasta felices llegaron a casarse,
olvidando él lo que no fuera cobrado,
al fin y al cabo comprador y vendedor
satisfechos juntos al final terminaron
con el crédito de amor ya saldado,
y como no, …. ¡Enamorados!.


Rememoración

Lo bien que aparece y recalca la
                                               figura de mujer,
es estímulo para mi creencia y mi fé;
ya que somos los hombres distintos,
                                               salvajes de invierno
que escapamos a las virtudes de Dios,
puros seres terrenales que no esperamos
ni nos apiadamos a la hora de volver,
                                               hijos de la luna y el sol,
distraídos roperos de gente descubierta
donde la piel se congela por la belleza
y se erizan las escamas de nuestros vientres
como fieles adeptos al dolor.

Soy un hombre apenas con vida sola,
                                             de palmo aún verde,
que vierte su alma entera y se entrega
como premio a todas ellas,
                                               novicias de la tierra;
y espero estoicamente ser elegido
como fuera la montaña en el valle,
firme a nuestra tierra y como siempre
                                               con leal disposición,
mientras mis brazos abiertos atentos reciban
los rayos de luz como candela en tea
que marquen la senda de los desnudos cuerpos
que rezan por mi mano de hombre.


Hacerlo enamorado

Hacer el amor enamorado
es como darse todo de sí,
dejar con nuestras ropas
el recuerdo de lo infausto
y entregarse en vacío fin;
tocar el cuerpo desnudo
es recién conocer la vid,
hablar con piel y sin voz
mientras se mira el interior
y con la fuerza del deseo
rendirse así como así;
es alimentarse hambriento,
cobijarse en pleno invierno;
pero eso sí,
hay que estar dispuesto
para hacerlo con real amor;
no hay que mostrar enfado
ni sentirse obligado,
ya que sino,
será como comer para vivir,
o abrigarse para no tener frío,
… y esa no es la intención.