Una mujer que ame mis pies
Yo quiero una mujer que
ame
mis
pies
y a mi lunar que mantengo escondido,
a la rara forma que pone mi estómago
con sus ruidos luego de haber comido;
que ame mi fea barba de fin de semana,
los agrios sudores que emana mi cuerpo,
mis largos achaques de adulto inseguro,
los ronquidos que doy en la madrugada,
mis besos salivosos porque la quiero,
y hasta mi apego a
cometer
mil
traspiés.
No se piense que quiero
una
mujer
bella,
mucho menos una doncella para mí,
no importa si ha de ser joven siquiera,
de familia culta y de moral religiosa,
ni tampoco que sea muy buena cocinera
o que desee tener los hijos que yo quiera,
que se arregle y se maquille porque sí;
tan solo quiero una mujer que entienda
que sino cambio no es porque no pueda,
ya que de amarla
hasta
cambiaré
por ella.