Santos buenos
Tú (y mira que te tuteo)
¿Porqué tuviste que hacernos creer?
a Santo Tomás de Aquino
quien tanto escribió buscándote tener;
a San Ignacio de Loyola
que anduvo descalzo sin comer ni beber;
a San Francisco de Asís
quien se revolcó en espinas por tu ser;
a Santa Teresa de Jesús
con su sufrimiento y el don de ver;
a San Agustín de Hipona
que te escuchó ordenar predicar y leer
y hasta al propio San José,
esposo de Santa María, el del amor virginal
(lo sé)
Fue tanto que te creímos,
que hay santos para cada día;
si nos duele la cabeza
se le reza a San Dionisio;
o si se trata de una deuda
San Mateo ayuda al misio;
o bien para quien cobra
está San Carlos Borromeo;
para conseguir consorte
San Antonio de Padua,
si se trata de buscar suerte
por suerte está San Pancracio:
y tal ves si se tiene hambre
Santa Genoveva da talante
Si se trata de una urgencia
está presto San Expedito;
para las sufridas amas de casa
se cuenta con Santa Ana;
para lograr amigo a conciencia
San Juan Bautista es bendito;
contra los celos que atormenta
San Valentín me da consuelo;
para los enfermos basta un rezo
y San Martin de Porres le alienta;
hasta al enfermero por cierto
San Juan de Dios lo contenta;
o que no decir del pobre preso
la Virgen de la Merced lo asienta
los sacerdotes a diario recurren
a Juan Maria Vianney por su bondad;
o las desconsoladas viudas acuden
a Nuestra Señora de la Soledad,
pero como no podía tampoco faltar
los poetas también tienen al rezar
a San Juan de la Cruz y su piedad;
ante ello pregunto sin querer pecar
¿no era suficiente solo en ti posar
los humildes resquicios de mi fe?
por eso te soy sincero al menos,
no me basta meramente con creer
pues son tantos los santos buenos
que no se a quien diablos temer.