Poema de la ida II
Este es un poema del cual no siento orgullo
y menos adopto como ejemplo para alguno,
pero tiendo a que lo tomen como suyo
aprendiendo el martirio de lo que es uno
es que no trata siquiera de un amor logrado
con sus alas blancas agitando la victoria
o de bellezas que encandilan lo sagrado
como musas creadoras de una gloria
pretendo que me ayuden a indagar
y encuentren en sí mismo los motivos
de esta mi condena para así relacionar
el presente con mis pasados emotivos
sepan que se me acusa de no saber amar,
de haber dado sufrimiento a las mujeres,
que engañar siempre ha sido mi jamar
aún a costa de esos áureos seres
que he sido desleal, indiferente, tosco,
abusivo, poco precavido, desalmado,
injusto, descortés, disparatado,
inhumano si es de ver por resultado
pero entonces he de preguntarme
¿qué sentido tiene que me quede,
si lo negro de mi alma permanece
enfundado como arma de gendarme?
Y evoco de repente a mi eterna madre
a quien apremio con mis actos su huida,
hondo de sus ojos dan cuenta de mi vida
los lamentos como agujas de sastre
y evoco también a mi justo padre,
quien se esforzara tanto por darme
los consejos y el ejemplo como parte
de una historia que uno mismo hace
y recurro a la imagen de mis hijos
a ellos quienes menos culpa tienen
y los que más han pagado precios
de los diablos que me entretienen
mas soy débil como espuma en ríos,
no eterna como tú, madre mía,
no justo como tú, padre mío,
no puro como ustedes, hijos míos
vuelvo a mí mismo y he de preguntarme
¿Seré eterno, justo y puro por marcharme?
o habré de ambular por los aires en nado,
acosado por el daño que he causado
impaciente espero la respuesta que me den
y me escriban con palabras dirigidas al cielo,
mas imploro no demoren en responder,
ya que aún no las quiero bajo lápidas
(de cementerio)