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Marjori

Anoche lloré apenas te ubiqué soledad,
no precisamente por sentirme desolado
o con la pena de un amor abandonado,
ni siquiera por haber perdido lo tenido,
fue más bien al enterarme lo sucedido
a una niña de solo ocho años de edad

Marjori, era según veía en las noticias,
una linda niña que ambulaba la calle
sin intuir el riesgo de que Lima estalle
y surja oculto luzbel cargando el dalle
para llevarse su inocencia a su valle
de gritos destemplados por codicias

siempre esperaba la niña el amanecer,
abajo pordioseando a los mundanos,
cogiendo monedas en los semáforos
o lavando ciertas lunas de los carros,
quizás ilusionada de que sus santos
le dieran fuerza para evitar amortecer

y en el día su pobre madre agradecida,
la apretaba duramente a su débil pecho
por llevarle algo de propina a su lecho
mientras daba un cupo en lo estrecho
del húmedo colchón de paja maltrecho
para soñar en su sueño lo que decida

tal vez se imaginaba una princesa real,
quizás por su corta edad una menina,
de repente sería una policía femenina
o por tesón una fuerte obrera de mina
pero apuesto más una madre algo fina,
hasta despertar con cierto miedo cerval

con miedo que había por el porvenir,
así la siento yo en esa noche oscura
vistiendo su misma ropa que perdura
ya varias manchas de larga amargura
por bajar los cerros desde la altura,
tan sólo para llegar a sobrevivir

¡no hubiese bajado del cerro ese día!
¡o acaso no veía que hay gente mala!
que allá abajo no todos le hacían taba
pues también había quien la deseaba
como si la miseria que en ella habitaba
fuese el maldito perfume que le atraía

fue entonces que Marjori desapareció,
nunca más volvió por el cerro que vivía,
era como si hubiese huido porque temía
que por sus laderas rocosas se caería
para siempre y hasta el fondo de la vía
sin lograr los sueños por lo que se dio

su madre a los días seguía buscándola,
caminando por los cerros y la barriada
y al pie de los semáforos preguntaba
si alguien la vio siquiera atolondrada,
hasta que se confirmó que fue violada
y dejados sus restos tirados al bote

fue su propia madre para tratar de reconocerla,
vio a lo lejos un par de viejas zapatillas negras
y se calmó, pues Marjori nunca las tuvo negras,
pero al llegar sintió como el filo de tres legras
que grabaron su nombre en vastas rojas letras
y gritó ¡no eran negras, tenían sangre! al verle

(¡Marjori, ya que estás con Dios en el paraíso,
no dudes en que serás lo que tanto anhelabas,
diviértete, juega, baila, ríe por los que amabas
y deja a los mortales de abajo con las llagas
que nunca habremos de curar, por ser dagas
prendidas en el corazón por lo que se te hizo!).

“En memoria de una niña que tempranamente obligaron a irse,
como recuerdo de lo que es el hombre aún”

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