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La distancia y el olvido

Te acudo simbólicamente en mi distancia
cerrando los ojos a veces,
y mi manos
se acarician ellas mismas,
como el alma sola se acongoja
por que no estás presente;
                                   y he de apretarlas fuertemente,
piel sobre piel, sudor sobre sudor,
y tontamente las pongo
yo mismo sobre mi cara,
buscando sentirte,
mientras la primera lágrima
                                   anuncia tu llegada

tócame, entonces, verte entrar a mi mente,
como si mi agua que fuera
a raudas vertida,
fuese la llave de entrada,
al estrecho recodo
cuya puerta anuncia tu ida,
                                   sin pensar que regresabas
cada vez que sentía
la tristeza de perderte;
mas pronto te das cuenta
que te recibe mi angustia,
quien no es la mejor anfitriona
                                   para cobijar tu alma

y vuelvo a la angustia, cual criatura hija de la distancia,
que no solo me hace sudar
las contritas manos
y empinar mis uñas
sobre mis párpados cansados,
haciendo que este cuerpo abandonado
                                   despierte tragándose las lágrimas caídas;
también mezquinamente
me hace abrir los ojos
para darme cuenta
que eres visita de un solo día,
fruto de mi imaginación
                                   y mi desesperanza

entonces es cuando reclamo a lo lejos
mi incapacidad
de ahogar el sentir habido,
que me dejo derrotar
por la imaginación y
la tal desesperanza, sin buscar al otro aliado
                                   que está allí impasible, convertido en olvido;
ese que no sabe
de ríos de agua
ni de noches impacientes,
ese que hace de uno el vivir sin virar
a lo pasado, y sufre para morir
                                   cada mañana

no sé entonces que cosa será mejor,
si aguardarte de nuevo
en un sueño revestido
re recuerdos,
o paliar de una vez
este inmenso dolor
                                   castigando a la distancia
que  ambos tenemos
acercándome a ti;
porque si espero
de repente al olvido,
mi alma sola se inundará
                                   en el vacío ruin

de repente interviene la razón,
esa que pone la condición humana,
y una vez que se ha marchado
la señora angustia
me hace pensar
al despertar, que porqué
                                   tengo que buscarte si tú te fuiste
y no yo, y que al contrario
debo empecinarme
en lograr una vez más
mi propia felicidad,
sin depender en el olvido
                                   y la distancia

mas ahora en que brotó de nuevo la noche
y ambos aún no se han ido
siquiera contigo,
quedando como siembra
viviente en mi jardín;
puedo asegurarte mujer,
                                   que esta vez serán
los últimos de mis castigos,
pues presiento que hay algo
que puede lograr ese cometido,
y eso es volver a enamorarme como fue de ti,
aunque tenga que vivir con la distancia, y aún,
                                   ……sin tu olvido.

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