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La alegría y la mujer

Qué difícil es hablar de alegrías
pero igual lo intentaré,
tal vez al mirar lo amplio del cielo
que sus estrellas cubren,
a las nubes que ante ellas
ondulan mirando al amén,
mas quiero mejor deciros
que por alegría es que no amé

me fijé en el mar y sus olas
con sus vueltas y su frío andar,
las gaviotas que sobre ellas pasan,
de las costas a pescar
y la arena con gente envuelta
en verano para disfrutar;
lo caliente que ello pone
hasta que el sol cubre y se va

vi los lagos que aparecen
pretendiendo ser causal
de estos versos que se entonan
para el alma regocijar,
y los valles en que reposan
con su atuendo parafernal,
el silencio de sus vientos
y la bruma al bajar

bosques y cortezas hubieron
de repente frente a mí
invitándome a que los mire
pues en ellos puedo hallar
copas encendidas de verde,
flores de vida y en sí,
la delicia de su atuendo
y el sol que asoma a rayar

poco es, en verdad, comparado
con ella que es mujer,
no tan solo por el éxtasis
que en mi enarbola su fe,
mas por las bellas notas
que del alma puedo recoger
y entregarlas hechas rosas
entre pétalos de miel

sin embargo alegría,
te digo porqué entonces
no volveré amar,
ni siquiera por los ojos de las musas o por las auras del letal;
es que ellas no son como lo natural
que vuelven al pasar,
tú lo sabes, lo niegues,
las mujeres aparecen,
dejan huellas y es fatal.

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