El Perdón
No voy a pensar en ti nunca más, ¡es hora de parar!
me he quedado en casa para intentar recuperar
a mi esposa y a mis hijos que allí andan sin mí,
buscando el abrigo que me atreví a dejar por ti
Y esperando estoy con cierto temor de acabar,
pues si bien aún tengo la llave del hogar
que ha de permitirme siquiera así entrar,
es tan solo un hierro que abre la cerradura
cuando doy cuenta que en la vida dura
lo difícil es en corazón siempre entrar
aunque solo en esta noche estoy, y así me siento,
me complazco con volver a imaginar el recibimiento
que tardía y culpablemente vengo en este momento
a tratar de merecerlos, las sonrisas de los míos sin cesar,
y en lo estrecho de tu beso frío, las preguntas sin calmar
¿Papá, dónde estuviste? ¿volverá a dejarme contento?
y yo con los ojos húmedos mirando a mamá le extiendo
los mil perdones que un solitario que se ha ido partiendo
puede en humildad pedir la gracia, pues suponiendo
que he de quedarme otra vez en esta vieja casa
no volveré a pecar como si nada hubiere y nada pasa;
el perdón encaja con aquello que me he ido proponiendo
me conmueve al ver en la entrada el caos de los fieros,
pero es al rondar la alcoba que me vuelven los confiesos
de las noches que con ella viví, y lo eterno de los besos;
y me siento después de haber hecho el amor idealmente
en una silla del vestíbulo aspirando el aire de mi mente
esperando que regresen y me indulten por los cielos
así, cansado y dormido quedé, cuando los gritos lindos
aparecieron y las emociones encontradas con mis hijos
cubrieron de perfil mis angustias ahogadas en tiempos,
las sonrisas, las preguntas y su beso frío asomaron
como presagio del desvelo porque un día amaron;
pero aún así, le pedí el perdón olvidando lo pasado
fue entonces que me absolvió, y desde tal ocasión
prometí no solo de ti olvidar, sino en tozuda obstinación,
dedicar el resto de mis días a cuidar lo que Dios me dio,