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Día de fiesta

Hoy es un día de fiesta como esas
que se preparan con tiempo para otros,
pero veo el banquete entero en las mesas
busco a la gente y no están con nosotros
y ni música hay que suenen en las cabezas

me aflijo pensando porqué no está nuestra gente
si somos la muestra del amor puro,
odiado por alguno y amado por el conciente;
Dios lo sabe, quisimos borrar todo lo oscuro
en aras de un amor realmente consecuente

nos conocimos en una mañana de frío invierno,
tú con tus cabellos al aire, y tu cuerpo ceñido,
parecía que te había mandado el destino
para abrigar a este cuerpo cargado
de años que se obtiene en el camino

y entonces sucedió, me acerqué a ti
con especial disimulo, y te pregunté
¿Quién eres, de dónde vienes, qué haces aquí?
pero fue suficiente al alzar tu mirada y capté
que preguntas sobran, pues entrabas ya en mí

tu nombre diste, del que no me animo a repetir,
es que tan solo al nombrarlo descienden
tantos recuerdos que me hacen sentir
los jóvenes años que comprenden
amores y penurias vividos sin advertir

¡cuán disimulo había en ese momento!
lo gris se puso claro, lo frío se puso fuego
y aparecieron de repente cantores al ciento
de tonos diversos pero a un solo ruego,
que no dejáramos pasar tal advenimiento

entonces me atreví a reiniciar mi vida,
esa por la que ya no sentía que valiera
la pena de seguir sufriendo día a día
salvo que algún día por fin conociera
a la mujer que el destino por mí tuviera

y el destino, ¡Ay, cruel que oculto estabas!
pasaron inagotables días de alegría
aceptaste mi compañía y decías me adorabas,
caminatas en bosques, fiestas con sangría,
viajes al universo, por todo pasabas

mas cuando nuestros cuerpos por fin se unieron
aprendiste de mí hallar desde la tierra el cielo;
con tus besos de fiera, y tu cuerpo partieron
mis manos y mi sexo a descubrir en paralelo
lo íntimo de tu ser, lo basto que lucieron

creí entonces que mis trazos eran suficientes,
que mi pulso acostumbró a tu vientre,
y que los senos de los cuales bebía en fuentes
apuntaban a la dicha de que yo siempre entre
en ti mujer, … copa de miel, fresas ardientes

fue entonces que me decidí y te ofrecí
celebrar ante Dios nuestra unión sagrada
y tú aceptaste como no, ¡y yo te creí!
cursamos noticia, bendecimos nuestra alma;
todos esperaban tan solo dijeras el sí

pero no regresaste siquiera a decir me voy,
quedándonos todos juntos frente al altar mayor,
con flores rojas y blancos pétalos que en convoy
esperaban arrojar sobre tu y yo en señal de amor;
y entonces afloró el triste recuerdo de quien soy

un hombre maduro que no ha aprendido aún
que no basta amar para ser correspondido,
pues el tiempo de lo vivido es, según
alguien dijera con mucho contenido,
arrugas ocultas que al final se tornan común

entonces, con sabia inteligencia me dejaste,
advirtiendo que en poco este cuerpo marchito
no podría de repente saciarte y forjaste
tu nuevo rumbo camino al oasis bendito,
y así intuí en lo que tardíamente fijaste

pasaron largos años por tanto sin verte,
aunque pocos es verdad, debo ser conciente
y el destino que me diste por poseerte
se hizo realidad al darte mi vida nuevamente
y esperarte en el cielo volver a tenerte

por ello después de tanto tiempo y empeños,
atento he estado a que estés subiendo
a estos los cielos en donde los sueños
se cumplen si en vida fuimos sintiendo
las cosas del alma y al Dios de los dueños

entonces te vi otra vez,
y viniste tú misma a mí
y al contrario de la primera vez
cogiste mi mano fuertemente y así
me ofreciste darme el sí con sensatez

anuncié por ello presuroso a todo el reino
a gozar de tan honroso compromiso,
ya que haberme al final elegido es premio
de los santos que aspiraban entres al paraíso
y olvidara tanto daño que causó tu prejuicio

pero hoy en que es de nuevo la fiesta convocada
ya no están los que estaban con las rosas,
ni con los blancos pétalos, solo queda la nada;
y entonces entendí entre tantas cosas,
que al final Dios hasta castiga…..
la traición perdonada.

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