Clarividencia
Camino a casa, una vez me detuve
al oir fuertes sollozos, de repente,
y entonces con obvia curiosidad,
ingresé a un edificio de enfrente
sobre cuya puerta principal leía:
“Bienvenidos al Hogar del Mesías”,
sorprendiéndome ver a la gente
cantando y llorando de alegría
créanme que entonces lo intenté,
me deshice el nudo de mi corbata
y repetía el estribillo que oraban,
miraba al techo y extendía palmas
pero aunque lo hacía aún pasaban
por mi mente deseos que me atan,
que no son dignos para las almas,
tanto que tan solo me preguntaba:
¿Por qué razón anda Dios por allí
haciendo temer a toda esta gente
para luego a veces hacerlos reír
como si fueran loquitos dementes?
¿será que creen que han de percibir
de El su ansiada gracia y perdón
o, tal vez, es que llegan a presentir
mirando arriba la dicha de su don?
¿será que ven el astro más brillante
que abunda en el cielo?
¿u oirán el agudo cantar
que los pájaros ofrecen al vuelo?
¿o tal vez a las olas de los mares
que descansan en los continentes,
además del rojo fuego
de los volcanes imponentes?
y aunque nunca supe las respuestas
a tales preguntas que acaso me hacía,
déjenme decirles con total melancolía
que en mi vida he tratado de ser feliz,
mas nunca reí como ellos lo hacían,
por más que a veces rezar alegre solía,
pues a diferencia de mí, les aseguro
¡que no era el techo lo que ellos veían!