A mi amigo Pepe
Si te dicen, Pepe, que el poeta
no debe ser político,
no te aflijas amigo, se equivocaron:
es justo lo contrario;
ojala los Presidentes fueran poetas,
los Ministros de Estado,
y hasta los alcaldes con quienes vivimos,
pues veríamos al país
que estaría siendo mejor considerado,
como el joven poeta
trata a su poema recién creado.
Tendríamos entonces al Perú estructurado,
donde los tediosos discursos
estarían siempre versados con pausas,
rimas, estrofas y acentos;
me imagino al señor Juez sentenciando
con versos alejandrinos,
a un congresista sustentar sus proyectos
en sonetos y serventisios,
y a esos políticos que incumplen promesas
castigarlos con lecturas
de poemas aliterados y sin contenido.
Es que la política, no es arte de mangonear,
distinto es gobernar con arte,
te lo aseguro; por eso abramos la ilusión
y preguntémonos juntos
qué hubiese pasado si González Prada
nos hubiese llegado a gobernar;
si Eguren y Chocano, como Valdelomar
fueran también parlamentarios;
si Valcárcel por sus ideas no pagara prisión,
y Salazar Bondy lograra su plan social;
¡o imagínate a Vallejo, Ministro de Educación!
Por eso, Pepe, en verdad no hay mejor político
que un dedicado poeta;
las figuras literarias asumirían con tipología
textual nuestra realidad,
combatirían el mal y la ignorancia
para alcanzar con pasiones la libertad;
el mundo se convertiría de lo mustio
en el gran recital de la vida, donde emblema
seríamos todos los ciudadanos,
y como himno nacional recitaríamos el poema
“mi patria y mi bandera” de Barreto Bustíos.
No desanimémonos entonces en dejar de soñar,
que hasta Nixa sabe,
que por más cruda que pareciera la realidad,
en el tiempo de ahora
lo que se necesita es que los hombres
busquen en sus adentros su verdad,
y verás para mejor destino, qué mejor si es poeta
el que nos llegue a gobernar,
pues con los relatos que su alma acumularía,
mi país tendría una romántica modernidad;
¡ya lo sabes, Pepe, pongámonos a trabajar!